Hace unos días, aprovechando un ciclo de música de cine que dan en mi ciudad, volví a ver E.T. Tenía muchas ganas de experimentar de nuevo la sensación, décadas después. La primera vez que vi ésta película fue en el estreno. Mi tía, nos llevó a mis primos, a mi hermano y a mí a verla. Todos juntos al cine. Recuerdo que mi hermano y yo estábamos un poco a disgusto, los domingos ponían Ulises 31 y claro, eso no se puede dejar de ver. Aunque dicho sea de paso, nunca supe cómo acabaron las historias de Ulises, Telémaco y Nono. Realmente yo era tan pequeña que no recuerdo la sensación exacta que tuve al ver la película, pero sí que cuando recuerdo la peli, la veo anunciada o escucho su música, algo se me remueve por dentro transportándome a una infancia feliz. Ahora, muchísimos años después, décadas, disfruté de la película igual que si fuera niña. Lloré y me emocioné. En la sala un papá llevó a su hijo, de unos 5 años, a ver la película. Supongo que es algo que forma parte de las ganas de compartir con tu hijo algo que a tí, a su edad, te gustó y no te dejó indiferente. De esta forma, gracias a ese padre y ese hijo, yo pude observar e imaginar lo que yo tuve que sentir a su edad descubriendo a E.T.




