domingo, 23 de marzo de 2008

Las historias de los abuelos.

Hoy he visitado a mi abuela. Normalmente cuando uno visita a los abuelos suelen pasar dos cosas. Que te pregunten, interroguen y asedien con tu vida privada y amoríos (cosa que sucedió en esta visita) o que te cuenten sus historias de jovencitos (que es el motivo de este post). Después de la historia que nos ha contado a mi hermano y a mí hoy, es fácil entender de donde me ha venido a mí este espíritu aventurero.
Mi abuelo Francisco, era marinero así que pasaba mucho tiempo fuera de casa. En esa época, mi abuela Tita se tenía que hacer cargo casi ella sola de cuatro hijos. Dos chicos y dos chicas. En uno de estos viajes de mi abuelo, mi abuela se enteró que él se encontraba enfermo en el barco así que decidió coger el petate y se fue a encontrar con mi abuelo al puerto de Algeciras. En esa época, que las mujeres viajaran solas no era tan habitual como lo es ahora, pero allí que se fue ella desde Tenerife. Cogió un avión hasta Málaga y allí su intención era coger un taxi hasta Algeciras. Subió al taxi y le dijo al taxista su destino, pero como buena gente hay en todos lados, éste le dijo que eso era demasiado caro y le recomendó que cogiera una guagua hasta allí. Así que eso fue lo que hizo. El taxista la dejó en la estación de guaguas y allí compró un billete.
Una vez en Algeciras, tenía que dirigirse a la aduana para comprobar cuando llegaría el barco de mi abuelo. En la aduana le dijeron que llegaba al día siguiente así que tenía que encontrar un sitio para pasar la noche. Como el dinero, era algo que escaseaba, le pidió a un taxista que si conocía alguna pensión, que la llevara. Pero antes, le aclaró que una pensión donde pudiera estar una señora como ella. Allí pagó 1000 pesetas de las de entonces por adelantado y por adelantado la timaron porque parece ser que aquello era un cuchitril de borrachos y prostitutas. Así que nada más ver la habitación con las mantas roídas y más bien poca limpieza, salió por donde mismo vino y se fue a buscar otro sitio. Poco más tarde encontró otra pensión regentada por un matrimonio pero la señora estaba en un desfile de moda y no llegaría hasta mas tarde. A mi abuela no le quedó más remedio que esperarla. Una vez llegó la señora, le hizo un montón de preguntas. Como se llamaba, porqué estaba en Algeciras ella sola y demás. Mi abuela le dijo todo lo que preguntó y la señora, con un poco de desconfianza habló con la aduana para verificar la versión de mi abuela. Tras esto, la señora le proporcionó una buena habitación y le dio un plato de sopa, según mi abuela "aguachienta" y le dijo que si alguien la molestaba la llamara al momento. Gracias a Dios no sucedió nada. Ahora que ya tenía alojamiento, fue de nuevo a la Aduana a dejar un mensaje a mi abuelo para el día siguiente. Según el señor de la aduana, se lo llevaría personalmente el Práctico del muelle nada más atracar. En el mensaje decía que ella estaba allí y donde se alojaba.
Mi abuelo llegó en el día planificado y fue a buscar a mi abuela. Luego se dirigieron a la comandancia y a una agencia. Donde ella pagó 2000 pesetas para poder ir con mi abuelo en el barco. Fueron de Algeciras a Venezuela. 9 días de viaje. Allí se encontraron con mi bisabuela y con los hermanos de mi abuela y solo tuvieron tiempo de almorzar juntos y pasar unas horas. En cuanto el barco estaba preparado salían de viaje de regreso a Tenerife donde mi abuela ya abandonó el barco y mi abuelo volvió rumbo a Venezuela.
Como encima, la historia ya tiene poco de aventura, el barco en el que viajaba mi abuelo quedó embarrancado a la altura de Trinidad. Estuvieron días allí puesto que el remolcador que los tenía que buscar era el mayor remolcador español que había y tenía que desplazarse hasta allí. Pasaron días sin agua y según la historia de mi abuela, las personas que vivían en trinidad les llevaban cocos al barco embarrancado y ésa era el único agua que bebieron hasta que pudieron abastecer de nuevo el barco.
Hoy, cuando me contaba la historia, caí en la cuenta de que hay una foto de un barco en un astillero que está en su habitación. Ése era el barco y le sacaron una foto en los astilleros de Tarragona donde lo repararon. Así que, próximamente, editaré el post para poner la foto escaneada del barco de mi abuelo y así completar parte de esta aventura.
Es increíble las cosas que tienen que contarnos nuestros mayores y lo poco que a veces les escuchamos.

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